viernes, diciembre 05, 2008

abstracción desarticulada o empirismo irracional

profusa adormidera mística prodigio rojo superfluo cristal exceso desgarro prudencia orgasmo venerar arma lúbrico sombra hemorragia barroco negro insomne ingravidez araña benévolo oscuro promesa karma furia sangre asceta rastro amnesia embriagada morder remorder carencia infierno brutal trance sarta carne piedad borbotones sexo extrañar frenesí muerte alcohol alambrada pérdida rostro placer crápula control libertinaje reencarnación ajeno precio fuerza sutura éxtasis ofuscar misterio condena paranoia tantra rúbrica arder terror forzar lascivia fobia liturgia arsénico presa bruma aguja milagro pureza obra lacra anarquía conmiseración atípica siempre vehemencia aberrante amapola excéntrico morena crudo enfermo cuerpo cuervo hambre barro arteria masacre espíritu rezar mentira perdón*


*El 82% de las palabras interesantes contienen alguna r





sábado, noviembre 08, 2008

radiohead es ideal para los domingos aciagos

Mi profesor de Literatura Catalana en el instituto se llamaba Pascual. Fue mi tutor durante el primer curso. Era un hombre alto y canoso de espalda robusta y gesto severo. Recuerdo bien su voz, una voz peculiar, muy ronca, como si fumara desde los diez. Me caía bien. El otro día me vino a la cabeza algo que dijo una vez, en una de sus clases. No recuerdo cual era la lección, el caso es que aquel hombre se puso a filosofar sobre la muerte y el hecho de que llega un día en la vida de todos en que nos toca enfrentarnos a ella. No a la propia, si no a la de alguien cercano. Ya no a la de los abuelos o allegados de edad, claro, porque siempre se nos explica ese rollo del ciclo vital y parece que la explicación nos complace y lo aceptamos sin más. No, no esa clase de pérdida, si no la de alguien que no sigue el canon, que no le tocaría morir y sin embargo un día le atropellan saliendo del trabajo o le revienta un aneurisma cerebral. A él, nos contó, esa situación le llegó a los veintipocos. Un amigo suyo. Un accidente de coche. Y cambió su concepción de las cosas a partir de ese momento.
Habrá a quien le llegue a los tres años de edad, a los once, a los dieciséis, a los veintisiete. A mí aún no me había llegado, y desde aquel momento me estuvo acechando la macabra pregunta: ¿Quién será?
Y la respuesta no parecía llegar.
Anteayer, mientras fregaba los platos, sonó el teléfono. “Está en coma, en la UCI. Le encontraron al cabo de cuatro o cinco horas. No saben si saldrá.” Y después, mientras enjuaga una cazuela, recordé la última vez que nos vimos, en una comida, estaba sentado enfrente de mí. Me imaginé diciéndole: “¡Eh, eres tú! La respuesta a mi pregunta”, y me subió un escalofrío por el espinazo. No abrí mucho la boca en todo el día. Sólo para hablar de frivolidades con gente a la que hacía mucho que no veía, en la sala de espera del hospital.




martes, julio 22, 2008

she swears she loves me but needs her space

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche”.

Y llorar.

De todo y de nada. Azul y triste, como en las canciones.
Estos días calurosos y atontados me dejan caer, sin avisar, sobre sus noches naranjas y pegajosas. Y se van. Y después de un año llorón y lastimero me quedo igual, como esperando a nosequé. A nosequién. Esta noche nadie me gusta y nadie me quiere. Te diría que vinieras, que ya he solucionado mi vida, y ahora te he dejado un hueco aquí, a mi lado, para estar muy cerca y pegarnos las almas con super-glue. Sí, claro. No, gracias. Que ya estamos bien como estamos. Que en la vida hay cosas más importantes… Más importantes que yo. Qué mal si yo también lo pensara, ¿no?
No siempre lo que viene es mejor que lo que dejas, añado a modo de autocrítica-autorreflexión. Y pienso penas y castigos, y me da un poco de miedo dormir sola. Pero como ya soy mayor, meriendo pan con nocilla, y hago como que no me importa.
Mañana por la mañana estaré justo a quince kilómetros de aquí. Me sentaré, fijando los ojos en nada y pensaré en todo esto. En plan brainstorming. Como hoy.
Tengo mucho sueño últimamente, y mucha hambre, y mucha rabia y no sé bien porqué. Puede que me falte un poco de todo. Un tornillo o dos. Un beso o dos.
Ha sido un día odioso. Menos mal que ya pasó.

lunes, junio 09, 2008

la adicción

Fue raro, ayer. Rincones oscuros, chicas mareadas, velas, drogas, sudor, tacones. Me invitaron a cerveza y un cigarro, y todo era tan brillante, tan lujurioso, tan sórdido… Me sentí mal, pero me obligué a quedarme a esperar mi recompensa. Mi dosis de caricias trasnochadas. Estar con él es como estar de prestado en una vida que no me pertenece, que ni quiero, ni busco. Una eterna disyuntiva de atracción-repulsión. Estuve un rato callada examinando la escena: la morena del vestido rojo, él, su amigo, gente, humo y la amante de su amigo. Bromeando, le dije que estaba escandalizada y respondió que así es como funcionan las cosas. Bien. Aprendo mucho contigo, pensé. Y me besó. Y le besé. Me habló de la rubia que había conocido un par de horas antes, que podría haberse quedado con ella, dijo, pero me llamó a mí. Sin duda hubiera sido mi suplente de no haberme presentado, así que le di mi más profundo y sarcástico agradecimiento. Así es como funcionan las cosas, observa y aprende, pensé. Y diez segundos antes de alcanzar la inamovible decisión de irme a casa y no volver a hablar con él, me cogió de la mano y nos marchamos juntos. Nos dieron las cinco y después las seis, y empapada de vida regresé a mi sosiego. Tal vez por eso sea adicta a él, a pesar de todo. Es mi conexión con la realidad. Yo invento la dulzura, la ternura, la eternidad, y él se encarga de limpiar lo que yo ensucio, presentándome la verdad limpia, pura y monstruosa acerca del amor y el sexo. Y aún le queda trabajo porque a veces, en secreto, me revuelvo y lloriqueo negándome a aceptar que así sea. No puedo afrontar ciertas cosas. No quiero. En el fondo sigo esperando que se equivoque. Ojalá.


domingo, mayo 25, 2008

silencio en estéreo

Llueve en la ciudad para refrescar nuestros cuerpos invadidos de primavera. Cielo blanco y aire gris. Mi amante ha vuelto, por fin. He vuelto, mi vida, para quedarme contigo y hacerte llorar como siempre. No te preocupes, pequeña, que pienso estar a tu lado para volver a hacerte sufrir. Lo sé, lo sé, y él también sabe que yo sé ya lo que necesito. Golpes bajos. Segundo asalto. Supongo que siempre lo supe, en el fondo, siempre supe que volvería y lo deseé tanto como quise no volver a verle nunca más. Las mismas piedras, siempre las mismas, que te persiguen tomes el camino que tomes. Si un día soleado decides asomarte al borde del camino y lanzarlas al río, puede que cuando caiga la bruma, saltes al río para volverlas a recuperar. Eso es: categorizamos transitoriamente, relativizamos y revertimos, casi siempre, al final. Demasiado miedo para mantenernos firmes. Me tambaleo, camino a trompicones, me caigo y aprendo, y aún sabiendo qué es lo correcto, nunca jamás lo haré. Porque vivo encadenando errores en nuestra competición de medias verdades, nuestra carrera de fondo, de años, a ver quién se derrota antes a si mismo, a ver quién se rinde antes para siempre, de verdad.
La única realidad tangible y comprobada es que, a pesar de la lluvia de las últimas semanas, en nuestras citas siempre lucían mañanas esplendidas. Y escondiendo las miradas tras nuestras gafas de sol, tras los cristales ahumados, nuestras mentiras, nuestras verdades, pierden definición, quedando nuestras promesas de amor, mutuas, fatuas, convertidas en una historia ficticia de amor verdadero, o una historia verdadera de amor ficticio, cuyo final, ya se sabe, nunca estuvo destinado a acabar bien.

martes, abril 29, 2008

bulletproof cupid

No te odio. Ni por mentirme, ni por haberte mentido. No te odio por no ser. No te odio por ser buena ni por ser mala. No te odio por las lágrimas ni las pastillas. Ni por estar siempre, ni nunca. No por la rabia, ni el sexo. No te odio. Pero no sobrestimes mi perdón.

miércoles, abril 09, 2008

farolas y aceras

Tan borroso, tan confuso, se sentó en el bordillo de la acera mirando al suelo, con la cabeza entre las manos y el mundo enajenado siguió durante un rato sin reparar en él. Los coches pasaban al compás de la métrica de un semáforo, y aún la gente podía andar y hablar y el sol siguió su imparable rutina elíptica. A él le pareció imposible porque todo se había roto solo hacía un momento. Que bajen el telón y empiecen a desmontar este tinglado. Ya pueden apagar el sol y las estrellas, y quitar el suelo y las paredes y los pisos y los árboles. No necesito el decorado. Se acabó todo, yo me bajo aquí.
Me senté a su lado y me alegró oírle respirar. Pasaron horas o días, no lo sé, y ya se estaba poniendo el sol. No lo entiendes, Lu, lo que acaba de crujir, ¿lo has oído?, era mi vida. Y solo pude pasar mi brazo sobre su espalda y apoyar mi cabeza contra la suya. Hablamos hasta agotar todas las palabras mientras íbamos tirando los guijarros que teníamos entre los pies a una farola triste y naranja que alumbraba desde hacía un rato nuestras tinieblas.
Para cuando nos fuimos a casa, había pasado un milenio, una era, una glaciación. Todo el mundo era distinto.


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