sábado, marzo 21, 2009

un bolero

Hay canciones que atacan con recuerdos. De carmín y Mar Caribe. De amor, cómo no, amor febril y mil veces evocado entre lágrimas de otoño. De tardes destartaladas junto al mar, estrechando un imposible entre los brazos. Vestida de rojo, de arena y de sal, con los ojos de luto y los dedos afanados en olvidar.
A la espera de vientos más favorables que no parecen llegar, me marchito en un recuerdo. Que cada día soy un poco más vieja, un poco más sabia, un poco más triste.
A menudo camino sola, buscando resucitar en otros ojos o en una sonrisa accidental, pero no hago sino desconcharme en cada intento, que aun sigo sin entender esta vida lejos de ti, ¿para qué me sirve? Ni siquiera encuentro la forma de encontrarte, ni de dejar de buscarte. La costumbre me arranca las estaciones lenta y pausadamente sin tregua y ya sin dolor, sólo en una sosegada desesperanza. Que, al fin y al cabo, ya no recuerdo tu olor, pero tanto hace que te fuiste, que me he acostumbrado a extrañarte, y tanto hace que te añoro que ya no sé cómo parar.

viernes, febrero 27, 2009

contarlo todo sin decir lo que pasó

¡Oh, pequeña mía! Qué bonita estaba esa noche con su vestido nuevo y sus zapatos de tacón, estrenando una noche de luna llena y esa sensación recién descorchada. Valiente, por una vez, para atravesar la puerta sin miedo a ser la más guapa. Que no hay vidas anodinas, sólo estrellas llenas de polvo y esa noche sacó lustre a la suya haciéndola brillar con esa intensidad de una vida entera por delante (aun), de la posibilidad de poder elegir (mejor) y de tener la suerte capturada en la aceituna de un dry martini.





domingo, enero 11, 2009

love of mine

Visión de futuro y deseos para año nuevo. Invertir en valores a la baja, sólo por exceso de confianza en la humanidad. Escribir una carta de amor y dejarla olvidada en un asiento de un vagón de la línea 5, para imaginar la reacción de quien la encuentre al leerla. Best wishes, greetings from la otra punta del mundo. Comer golosinas y coser mis pantalones. Ir al cine sola, patinar, cambiar palabras por sonrisas. Historias épicas de espadas y dragones, semáforos en verde y coleccionar cosas antiguas. Cafeteras o algo. Tocar el piano, hacer un amigo. Estrellas, frambuesas, susurros. Encontrar la tinta perfecta, para la letra perfecta. Que me crezcan alas, que nos crezcan ganas. Hacer el tonto y pompas de jabón con un champú muy caro. Pintar y tararear canciones mientras preparo el desayuno. Libros de segunda mano y ver, darme cuenta, de lo importantes que son los abrazos y saber cuando es mejor no decir nada. Salir de puntillas y cerrar la puerta despacio para no despertarte… duerme tranquilo y, descuida, que yo te cuido.


"I will follow you into the dark" de Death Cab for Cutie



viernes, diciembre 05, 2008

abstracción desarticulada o empirismo irracional

profusa adormidera mística prodigio rojo superfluo cristal exceso desgarro prudencia orgasmo venerar arma lúbrico sombra hemorragia barroco negro insomne ingravidez araña benévolo oscuro promesa karma furia sangre asceta rastro amnesia embriagada morder remorder carencia infierno brutal trance sarta carne piedad borbotones sexo extrañar frenesí muerte alcohol alambrada pérdida rostro placer crápula control libertinaje reencarnación ajeno precio fuerza sutura éxtasis ofuscar misterio condena paranoia tantra rúbrica arder terror forzar lascivia fobia liturgia arsénico presa bruma aguja milagro pureza obra lacra anarquía conmiseración atípica siempre vehemencia aberrante amapola excéntrico morena crudo enfermo cuerpo cuervo hambre barro arteria masacre espíritu rezar mentira perdón*


*El 82% de las palabras interesantes contienen alguna r





sábado, noviembre 08, 2008

radiohead es ideal para los domingos aciagos

Mi profesor de Literatura Catalana en el instituto se llamaba Pascual. Fue mi tutor durante el primer curso. Era un hombre alto y canoso de espalda robusta y gesto severo. Recuerdo bien su voz, una voz peculiar, muy ronca, como si fumara desde los diez. Me caía bien. El otro día me vino a la cabeza algo que dijo una vez, en una de sus clases. No recuerdo cual era la lección, el caso es que aquel hombre se puso a filosofar sobre la muerte y el hecho de que llega un día en la vida de todos en que nos toca enfrentarnos a ella. No a la propia, si no a la de alguien cercano. Ya no a la de los abuelos o allegados de edad, claro, porque siempre se nos explica ese rollo del ciclo vital y parece que la explicación nos complace y lo aceptamos sin más. No, no esa clase de pérdida, si no la de alguien que no sigue el canon, que no le tocaría morir y sin embargo un día le atropellan saliendo del trabajo o le revienta un aneurisma cerebral. A él, nos contó, esa situación le llegó a los veintipocos. Un amigo suyo. Un accidente de coche. Y cambió su concepción de las cosas a partir de ese momento.
Habrá a quien le llegue a los tres años de edad, a los once, a los dieciséis, a los veintisiete. A mí aún no me había llegado, y desde aquel momento me estuvo acechando la macabra pregunta: ¿Quién será?
Y la respuesta no parecía llegar.
Anteayer, mientras fregaba los platos, sonó el teléfono. “Está en coma, en la UCI. Le encontraron al cabo de cuatro o cinco horas. No saben si saldrá.” Y después, mientras enjuaga una cazuela, recordé la última vez que nos vimos, en una comida, estaba sentado enfrente de mí. Me imaginé diciéndole: “¡Eh, eres tú! La respuesta a mi pregunta”, y me subió un escalofrío por el espinazo. No abrí mucho la boca en todo el día. Sólo para hablar de frivolidades con gente a la que hacía mucho que no veía, en la sala de espera del hospital.




martes, julio 22, 2008

she swears she loves me but needs her space

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche”.

Y llorar.

De todo y de nada. Azul y triste, como en las canciones.
Estos días calurosos y atontados me dejan caer, sin avisar, sobre sus noches naranjas y pegajosas. Y se van. Y después de un año llorón y lastimero me quedo igual, como esperando a nosequé. A nosequién. Esta noche nadie me gusta y nadie me quiere. Te diría que vinieras, que ya he solucionado mi vida, y ahora te he dejado un hueco aquí, a mi lado, para estar muy cerca y pegarnos las almas con super-glue. Sí, claro. No, gracias. Que ya estamos bien como estamos. Que en la vida hay cosas más importantes… Más importantes que yo. Qué mal si yo también lo pensara, ¿no?
No siempre lo que viene es mejor que lo que dejas, añado a modo de autocrítica-autorreflexión. Y pienso penas y castigos, y me da un poco de miedo dormir sola. Pero como ya soy mayor, meriendo pan con nocilla, y hago como que no me importa.
Mañana por la mañana estaré justo a quince kilómetros de aquí. Me sentaré, fijando los ojos en nada y pensaré en todo esto. En plan brainstorming. Como hoy.
Tengo mucho sueño últimamente, y mucha hambre, y mucha rabia y no sé bien porqué. Puede que me falte un poco de todo. Un tornillo o dos. Un beso o dos.
Ha sido un día odioso. Menos mal que ya pasó.

lunes, junio 09, 2008

la adicción

Fue raro, ayer. Rincones oscuros, chicas mareadas, velas, drogas, sudor, tacones. Me invitaron a cerveza y un cigarro, y todo era tan brillante, tan lujurioso, tan sórdido… Me sentí mal, pero me obligué a quedarme a esperar mi recompensa. Mi dosis de caricias trasnochadas. Estar con él es como estar de prestado en una vida que no me pertenece, que ni quiero, ni busco. Una eterna disyuntiva de atracción-repulsión. Estuve un rato callada examinando la escena: la morena del vestido rojo, él, su amigo, gente, humo y la amante de su amigo. Bromeando, le dije que estaba escandalizada y respondió que así es como funcionan las cosas. Bien. Aprendo mucho contigo, pensé. Y me besó. Y le besé. Me habló de la rubia que había conocido un par de horas antes, que podría haberse quedado con ella, dijo, pero me llamó a mí. Sin duda hubiera sido mi suplente de no haberme presentado, así que le di mi más profundo y sarcástico agradecimiento. Así es como funcionan las cosas, observa y aprende, pensé. Y diez segundos antes de alcanzar la inamovible decisión de irme a casa y no volver a hablar con él, me cogió de la mano y nos marchamos juntos. Nos dieron las cinco y después las seis, y empapada de vida regresé a mi sosiego. Tal vez por eso sea adicta a él, a pesar de todo. Es mi conexión con la realidad. Yo invento la dulzura, la ternura, la eternidad, y él se encarga de limpiar lo que yo ensucio, presentándome la verdad limpia, pura y monstruosa acerca del amor y el sexo. Y aún le queda trabajo porque a veces, en secreto, me revuelvo y lloriqueo negándome a aceptar que así sea. No puedo afrontar ciertas cosas. No quiero. En el fondo sigo esperando que se equivoque. Ojalá.


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