lunes, abril 02, 2007

un día especial

Hoy he cumplido veintitrés años y un día. Ha sido un día un poco triste, no ha parado de llover. Me he levantado esta mañana con la intención de hacer algo con mi vida, pero después he mirado por la ventana, he visto la que caía y ya me ha dado pereza.

A media mañana he pensado en llamarle y decirle que tengo ganas de verle. Al final no lo he hecho porque me ha dado miedo que me dijera que él también.
A mediodía he calentado algo en el micro, pero al final he decido no comérmelo porque en realidad no tenía ganas de comer. De lo que tenía ganas era de que él me comiera.
Por la tarde he estado soñando despierta un rato. Qué calentita se está acurrucada a su lado… He pensado que debería dejar de imaginar estas cosas porque luego, cuando vuelvo a la realidad, me da mucha pena que algo tan bonito no vaya a pasar nunca.
Por la noche, he ido al cine. La película me ha gustado. Ha estado bien. Aún llovía cuando he vuelto a casa. Qué casualidad que justo cuando estaba distraída, sonara en la radio esa canción.

Creo que debería acostarme. Mañana, en cuanto me levante tengo la intención de hacer algo con mi vida. ¡Ah!, que no lo había mencionado, mañana es un día especial. Mañana cumplo veintitrés años y dos días.

sábado, marzo 24, 2007

besos exponenciales

Una colaboración cruzada de mi amigo Holden Caufield


Desde mis clases de instituto, que aún relativamente recientes recuerdo con neblina, llevo intentando encontrar ejemplos a algunas funciones matemáticas que me costó asimilar en su momento. Tardaba en comprender la representación de ciertas fórmulas trigonométricas y el inquietante, por su nombre y gráfica, logaritmo. Lo único que veía de forma sencilla y a lo cual podía encontrar modelos reales era la linealidad: tanto tienes, tanto vales; el crecimiento del pelo y la depilación, etc... Recuerdo que nunca llegué a entender el verdadero significado del número e hasta que no me propuse desentrañar sus inquietantes propiedades. Hace unos meses juré no descansar hasta encontrar un reflejo de tan turbador numerajo en mi realidad cotidiana. Tras algunos experimentos y ciertas ecuaciones trazadas con un lápiz romo sobre un papel rosa de cuadros he descubierto que los besos, encontrando la abcisa adecuada, son exponenciales. ¡Misterio resuelto!



lunes, marzo 19, 2007

tormenta eléctrica

Sólo queda silencio. Como después de aquella tormenta, ¿te acuerdas? Claro que te acuerdas… ¿cómo lo ibas a olvidar? Porque aunque ahora me odies, aún me recuerdas.

Tú, yo y la noche. Fuera, el frío, el vacío, las nubes y las luces tras las nubes. Ni una gota de lluvia. El estruendo de los truenos, el aire cargado de olor a tierra, tensión eléctrica y humedad. Y aquella carretera perdida, oscura, lejana, infinita. Infinita como tus ojos de infinito azul. Relámpagos flasheando nuestros rostros por instantes. Como luces estroboscópicas tiñendo de violeta intenso las nubes grises, regalándonos fotogramas de campos inertes de aspecto fantasmal, para después acabar en un fundido a negro a la espera de un estruendo de esos que me hacen temblar. Tu mano en mi regazo, sobre mi mano. Nuestras miradas en la noche, atónitas, tan asombradas como cómplices de aquel espectáculo al que asistimos por casualidad. Conscientes de estar viviendo un momento de esos que son para coleccionar.

Después, silencio. Como ahora que ya no estás. Silencio… y lo vivido hecho recuerdo, como ahora que ya no estás.

Qué pena no poder llamarte cuando me envuelvo de reminiscencias, sólo para poder decir “¿te acuerdas?”. Pero claro que te acuerdas, qué tontería. ¿Cómo lo ibas a olvidar? Aunque ahora me odies, hay cosas que nunca podrás borrar.

Aunque ahora sólo quede silencio.


miércoles, marzo 07, 2007

o te mueres o no hay trato

Llevan unos meses saliendo. El otro día estuve con él tomando un café y le pregunté qué tal con ella. Sólo se encogió de hombros y con gesto indiferente dijo “bien”. Y yo pensé: ¿cómo que “bien”?, ¿“bien” como qué? ¿Como cuando acabas de pasar la gripe y alguien te dice que cómo te encuentras? ¿“Bien” como cuando vas a cenar a casa de tu tía y te pregunta cómo está la sopa? ¡¿Qué coño significa “bien”?! Si de verdad estuviera enamorado, no hubiera dicho “bien”, hubiera contestado “de puta madre” con cara de no poder creérselo, o me hubiera dicho que tiene ganas de llevarla a París, o que está mejor que en toda su vida, o que la quiere como no ha querido a ninguna. “Bien” no es una respuesta, es peor que decir “mal”. Cuando estás enamorado no existe tedio, ni medias tintas, ni un simple “bien”. El amor no es racional. ¡¿Cómo que bien?! O estás enfermo de amor o no estás enamorado. O lo darías todo por ella o no estás enamorado. O te matarías por mí o puedes irte a la mierda, ¡¿vale?!


domingo, marzo 04, 2007

tardes de domingo

Formas suaves y apaisadas en rojo, azul y gris sobre una silueta oscura de la ciudad recortada a tijera. Antenas de televisión y gatos sobre los tejados. Farolas de luz naranja, semáforos, pasos perdidos y árboles desubicados. Otro domingo más. Me esperan palomitas de colores en el cine, y la pequita de la punta de mi nariz sigue ahí, como siempre, aguardando a que el sol le de permiso para lucirse un poco más cuando sea primavera. Qué estático el atardecer en mi ciudad cuando me siento a contemplarlo un día tras otro a través de mi ventana. Qué estática es la vida en ciertos momentos. Parece que no voy, ni vuelvo. Solo estoy. ¿Estoy esperando? Creo que sí. Creo que le espero a él. Y mientras espero, me lleno los ojos de cosas bonitas para poder susurrárselas al oído cuando le tenga a una caricia de distancia. ¿Cuantos suspiros habré contado al rememorar el sonido de un beso en los labios? En mis labios… En sus labios… Apenas soy capaz de recordar. Cuanta ausencia… Qué estática es mi ciudad cuando espero algo que no llega.


martes, febrero 27, 2007

monstruos, escalofríos y pesadillas

Apuntito de arrancar a Febrero de mi calendario y ya tengo clara una cosa: este año va a ser de los peores.

O eso, o mucho tienen que cambiar las cosas. Mi forma de ver las cosas, más bien.

No tengo ganas de hablar de ello. No tengo ganas de hablar de nada. Todo el mundo me pregunta cómo estoy y me tiembla la voz al contestar que estoy un poco triste. Y no sé qué más decir. No hay motivo o todo son motivos, según se mire.

No paro. No puedo. Lloro por las mañanas y río demasiado cuando estoy con los demás. O corro o estoy quieta, ya no sé caminar. Estoy viviendo en los límites de mi misma y me siento agotada.

A veces pienso que me porto tan mal con todo el mundo… que merezco tantos reproches... Entre la culpa, la pena, la vergüenza y la apatía, me entran ganas de cavar un hoyo y enterrarme viva. Cerrar los ojos un rato. Dejar de respirar un rato. Dejar de pensar.

Quiero despertarme ya. Quiero despertarme ya. Quiero despertarme ya. Quiero despertarme ya. Quiero despertarme ya. Quiero despertarme ya. Quiero despertarme ya.

Cuando despierte… ¿sabrás perdonarme?


martes, febrero 06, 2007

creciendo

Crecí la última vez que mi madre me dio un bofetón por jugar con la comida que tenía en el plato.

Y aquella tarde en que ya no fui capaz de hacer realidad una historia de juguetes.

Y la primera vez que al quedarme dormida en el sofá después de cenar, mi padre, en lugar de llevarme a la cama en brazos, me despertó para que fuera por mi propio pie.

Crecí aquellas navidades en que mis regalos no los trajeron los Reyes Magos.

Y la noche en que escuché ciertos ruidos en la habitación de mis padres y supe qué estaban haciendo.

Cuando aquella bola de cristal en la que se podía ver el futuro, se convirtió en un pisapapeles de un día para otro.

También la primera vez que, viendo a mi padre con un par de copas de más, fui consciente de que estaba borracho.

Y hoy he vuelto a crecer un poco. Esta mañana. Porque me he encontrado cinco defectos antes del desayuno. Por la certeza de que nunca tendré los ojos verdes y ya no voy a crecer ni un centímetro más. Porque es mentira que todas las guapas son tontas, y de una patada salen cien chicas más guapas que yo y, encima, más inteligentes. Por el cuento de la lechera. Porque nunca he ganado ningún premio y no se me da bien hacer nada en especial. Porque, aunque soy importante para algunos, no soy la primera para nadie.


A mis veintidós años, diez meses y cinco días, he vivido mi primera crisis de mediocridad.

Por desgracia, sigo creciendo.


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